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martes, 13 de enero de 2009

Numbers and letters!


- A mi me gustan los números tanto como me gustan los hombres.
- A mi me gustan las letras un poco mas de lo que me gustan algunas mujeres.

Vivir con un hombre es como la algebra; siempre se tiene que andar despejando la incógnita. Sin importar si el hombre es tan complicado como una ecuación de tercer grado, siempre debes de sintetizar todos sus polinomios hasta solo dejar minúsculos y divertidos monomios.

Vivir con una mujer es como la ortografía; por que siempre hay excepciones, por que la puntuación y las letras no siempre son las mismas, por que no significa lo mismo abrazar que abrasar!

Y vivir con mis números y mis letras.... es libertad numérica y ortográfica; es dormir en los fornidos brazos de un numero desconocido y despertar entre carinos matutinos de letras conocidas. Es caminar de puntillas sobre el eje de las X del plano cartesiano de mi vida, para que el acento diacrítico no se encabrone! Es pues, hacer un teorema de mis estuuuupidos pensamientos, aunque infaliblemente todo suene a la teoria del caos!



"Cada mil movimientos, hay una coincidencia. Cada trescientas sombras se esconde un laberinto. Seiscientos caminos y todos verdaderos. Me restan cien miradas para adivinar tu secreto."
(Piel de lluvia - Poem 92)

lunes, 3 de diciembre de 2007

Números arcoiris

Ok, debo aceptar que las tendencias sexuales (numéricas) no cambian. Se modifican apenas unos decimales, pero no más. Soy una fag hag consumada (shall we call it that?) , una queen bee, una amante perpetua de los números gays, una activista perdida de los homosexuales.

Puedo distinguirlos entre conjuntos y subconjuntos, me son números comodines… están en todos lados, vienen en millones de presentaciones y siempre contienen elementos estructurales diferentes, cosa que numéricamente… me enajena.

Siempre que tengo un nuevo número gay, mi madre agradece que haya nacido mujer; por que ambas sabemos que de haber nacido hombre… usaría bolso y tacones!

Pero en el mundo lésbico; jamás me había interesado, hasta que yo les interese! Así que me propuse dejarme de estupideces, tomar la calculadora y largarme a sumar y restar del otro lado de la acera (tal cual, lo dijo g spot!) la decisión estaba sumada. Y me fui de la mano con mi nueva número, el No. 58!! (El número lap dancer) . Que taaaaaaaaaaal, he?

Pero esta ecuación se convirtió en una operación numérica interminable, por que se ha enamorado de mi y eso no se suma ni se divide, se potencializa y se potencializa con el miedo que siento, al saberme enredada en esta ecuación algebraica de dimensiones bíblicas!

Quiero restarme y dividirme hasta la mínima expresión, sin resultar cobarde e hiriente, cosa que me parece mas que imposible. En este viaje he aprendido 6 cosas muy importantes sobre los vatos, los gays, las mujeres en general; pero sobre todo, de mi!

1.- No puedo sumar en un conjunto arcoiris, lleno de estrógenos.
2.- Amo a los vatos (con todo y testosterona) sin importarme su tendencia numérica.
3.- Las mujeres somos in-so-por-tables!
4.- Las mujeres somos en-can-ta-do-ras!
5.- Los gays también son en-can-ta-do-res!
6.- Ni moviéndome dos rayitas en la recta numérica, se me quitan las ganas de los vatos de voz ronca y manos gruesas!


martes, 26 de junio de 2007

Numeros que mueren

Siempre, me gusta comenzar un nuevo idilio romántico-sexual (o solo sexual). Me encanta sentirme la mujer biónica del coqueteo (sic), la de infalibles fauces succionadoras… una dominatriz de números; me gusta sentirme poseída por esa loca pasión, que se transforma en complicadas ecuaciones bioquímicas, que no comprendo, pero reconozco per-fec-ta-men-te.

Pero odio, cuando todo eso termina… cuando mi frenesí, cae estrepitosamente hacia un: “ya no te quiero”, realmente me odio! Aclaro que no odio que se termine un número, odio la persona en la que me transformo; Barbie Berrinches 2007 (Versión mejorada), misma que opaca sin piedad a esa minúscula mujercita de infalibles fauces, que queda reducida a nada.

Después de tanta intensidad… solo me fijo en la palabra que escribió mal; lo que dijo y me molesto; la cicatriz que antes me gustaba, ahora me parece horrorosa; su cabello largo, que me aloquecía ahora lo veo muy jodido… por que me vuelvo tan odiosa? si bien podría decir: Gracias bye! Por que?
Mi número se acaba y lo divido con fuerza y crueldad. A base de histerias (sumamente forzadas), enojos (inexistentes), lagrimas (de cocodrilo), indignaciones (absurdas) y pendejadas, simplemente dejo a mi número de ocasión, en su mínima expresión…